
¿A dónde va el dinero de la asignación tributaria?
Se acerca la campaña de la Renta y, con ella, el eterno dilema de las casillas. Para muchos es un gesto automático; para otros, una cuestión de fe. Sin embargo, para mí, se ha convertido en un ejercicio de coherencia ética. No se trata de falta de generosidad, sino de una exigencia de transparencia. Hoy quiero explicar por qué, este año, mi casilla de la Iglesia se queda en blanco.
La cuestión es muy sencilla. No me fío de la jerarquía de la Iglesia Católica y no sé a dónde va a parar mi dinero si marco la casilla de la Iglesia en mi declaración de la renta, o si marco la de ayuda a las ONG, porque ahí también hay organizaciones de la Iglesia Católica.
No quiero que mi dinero se destine a las indemnizaciones de las víctimas de pederastia de la Iglesia. No quiero que mi dinero sirva para pagar lujos de determinados miembros de la institución o para aumentar patrimonios innecesarios. Tampoco quiero que mi dinero vaya a actividades que sirvan para menoscabar los derechos de la mujer o de la infancia.
No quiero que mi dinero sirva para sustentar organizaciones de la Iglesia Católica que propugnen las terapias de conversión para las personas homosexuales. Podría seguir, pero seguro que a quien lea esto se le ocurrirán más razones.
Sí aconsejo que se ayude a entidades de la Iglesia Católica que el contribuyente sepa con certeza que trabajan con honradez y son fieles al Evangelio de Jesús de Nazaret. Esa ayuda debe ser directa, para que no pase por manos que no deben.
Es así de simple. Ayuda directa a quien lo necesite, sí; pero a través de la declaración del IRPF, no. Además, evitaríamos situaciones esperpénticas donde la Iglesia Católica acepta dinero de cualquier contribuyente y después, por las causas que sean (homosexualidad, divorcio, etc.), le niega su participación en la misma, refiriéndome a los sacramentos.
En definitiva, no se trata de dar la espalda a la labor social, sino de elegir dónde ponemos nuestra confianza. La verdadera caridad no necesita de intermediarios opacos ni de estructuras que contradicen el mensaje que dicen predicar. Ayudar al prójimo es un deber moral, pero financiar instituciones con las que no compartimos valores fundamentales es una contradicción que ya no estoy dispuesto a sostener. Mi dinero llegará a donde haga falta, pero llegará de mi mano, sin filtros y con total conciencia.

Totalmente de acuerdo y yo añadiría más. Mientras se siga poniendo en duda la viabilidad de las pensiones, la sanidad pública y la educación y se sigan priorizando los 12.000 millones que recibe, aparte de la exención total de impuestos, tampoco la pondré nunca.
La fe de cada cual es totalmente respetable, pero creo que no deberían de tener más privilegios que cualquier club o asociación.
Gracias por el comenario!