
A las seis de la mañana Jerez no duerme, aunque los autobuses urbanos de Jerez todavía no permiten a buena parte de la población llegar a la estación de RENFE para coger los primeros trenes. Basta acercarse a ella para comprobar que viajan con una importante ocupación: personal de las administraciones públicas, de limpieza, farmacias, servicio doméstico, estudiantes y profesionales de todo tipo.
Sin embargo, encontramos una paradoja: se puede salir temprano de Jerez en tren, pero desde muchos barrios no se puede llegar a tiempo a la estación en autobús urbano.
Una persona que viva, por ejemplo, en La Granja y necesite estar allí a las 6:15 no dispone de un autobús que se lo permita. ¿Qué alternativa tiene? ¿Un taxi diario? ¿Depender de alguien con coche? Resulta contradictorio fomentar la movilidad sostenible mientras el transporte público no responde a las necesidades reales de la población.
Y si esto ocurre en el núcleo urbano, el problema se eleva a la enésima potencia en las barriadas rurales y entidades locales autónomas, dentro de uno de los términos municipales más extensos de España.
El problema tampoco es únicamente de horarios. Hay que hablar de recorridos. Algunas líneas parecen más propias de un autobús turístico que de un servicio destinado a trasladarnos de forma rápida y eficiente. Entre la zona sur y Delicias, dependiendo de conexiones, esperas y recorrido, el desplazamiento puede acercarse a una hora: prácticamente lo que se tarda en coche entre Jerez y Sevilla.
Una cosa es ser eficaz y otra ser eficiente. No basta con que el autobús llegue finalmente a su destino si para recorrer unos kilómetros necesita dar media vuelta a Jerez.
La intermodalidad tampoco consiste simplemente en tener una parada junto a la estación. Significa coordinar autobuses y trenes. Quizá no sea necesario poner toda la red en funcionamiento a las cinco de la mañana, pero sí estudiar servicios tempranos que conecten los principales barrios y la zona rural con los primeros trenes.
Jerez está renovando su flota, pero modernizar un servicio no consiste solo en comprar nuevos vehículos. También supone preguntarse cuándo, dónde y para qué los necesita la ciudadanía. Más aún cuando la alcaldesa de Jerez, María José García-Pelayo, preside también la Federación Española de Municipios y Provincias y debería ser ejemplo de gestión municipal.
Y todo esto suponiendo, claro, que el tren llegue a Sevilla o Cádiz sin averías ni incidencias.
Pero eso merece otro artículo.
Jerez necesita autobuses cuando hacen falta, donde hacen falta y por el camino más lógico.
